lunes, agosto 31, 2026

Silvia Pérez Cruz lleva su canto a una Habana en penumbras

 La voz de la cantante española provocó un estado de gracia en una audiencia que logró aliviar por unas horas el dolor de una profunda crisis económica

Concierto de Silvia Pérez Cruz en la Iglesia de San Francisco el Nuevo, en la Habana, este domingo.MARCEL VILLA

Cuba parece estancada en su propia zona abisal, sin visos de emerger a la superficie, desde que Trump impuso la asfixia petrolera y las subsecuentes sanciones al país caribeño; la gente, en su mayoría, ha perdido la noción de los días, debatidos entre resolver necesidades básicas como agua, luz y gas, o llevar adelante el trabajo que permita comprar alimentos. Por eso, cada vez menos gente se permite acudir a la poca oferta de ocio, encarecida, que aún hace vibrar ciertos espacios en las ciudades. Por eso, cuando Silvia Pérez Cruz anunció un concierto gratuito en La Habana, como parte de la gira por Latinoamérica de su más reciente disco Oral Abisal, se desató la euforia entre una parte del público habanero, que vio la oportunidad como un soplo de aire fresco para su sofocante realidad.

Y esos vientos soplaron este 23 de agosto, como un hálito redentor, en esa zona de La Habana Vieja donde se cruzan las calles Cuba y Amargura. Allí se levanta la iglesia de estilo renacentista de San Francisco El Nuevo, entre solares donde habitan decenas de familias hacinadas y joyas arquitectónicas del centro histórico. A las afueras del templo, mientras la tarde empezaba a caer, decenas de personas formaban una nutrida y dispersa cola, una alteración del ritmo cotidiano del barrio, entre familias que salen con sillones a tomar el fresco, en las estrechas aceras o directamente en la calle, otros que juegan dominó, mendigos que deambulan constantemente, basura desperdigada por las esquinas, hombres tirando de carretones repletos de bidones con agua, o la abuela que mandó a sus nietos a un recado y van por la calle, dinero en mano, correteando, apenas vestidos con un short para burlar el calor de agosto.

En medio de todo ese trasiego, quienes esperaban para entrar a la iglesia —al concierto—, parecían una anomalía, un cúmulo de gentiles a punto de disfrutar de un placer culpable. Pero adentro esperaba la gloria prometida de escuchar una voz que pareciera evocar la paz sobrevenida tras cualquier exaltación del espíritu. Y los cubanos conocen bien esa sensación, y la extrañaban, tras la última presentación de Silvia Pérez Cruz en la capital cubana en 2022. Con ese recuerdo vivo, que auguraba la mejor de las veladas, cientos de personas colmaron el interior del recinto, sentados en los bancos, en el suelo, rodeando un escenario improvisado, sitiado por linternas con forma de cirios —que la artista trajo consigo—, a los pies del altar mayor. En el centro, cuatro sillas, una guitarra lista, un micrófono para la voz, un pequeño amplificador y unas flores. Nada más.

Un calor intenso y pegajoso lo inundaba todo, la gente se abanicaba sin cesar, se secaba las gotas de sudor, tomaba agua. Cuando el público se dio cuenta, Bori Alberto (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín) estaban dando rienda suelta a la maravilla y una voz, como venida de una realidad insondable, se escuchaba desde lo alto del templo. Silvia Pérez Cruz, vestida de blanco, abrió así una pausa en el agitado tiempo de los cubanos. Nada más importaba a esa hora, ni la crisis endemoniada sin fin, ni los apagones, ni el alto costo de la vida. La voz de Silvia provocó ese estado de gracia en el espíritu de una audiencia que se sintió conmovida con la alegría y la sensibilidad de unos músicos que lograron traducir su declaración de amor en una auténtica celebración musical, donde el público también acompañó muchos de los coros que Silvia, imaginativa e incombustible, les iba lanzando.

“Tenía muy claro que en esta gira por Latinoamérica quería volver a Cuba”, dijo la artista a la primera oportunidad, quien ya realizó varios viajes a la isla en el pasado, donde cosechó fuertes vínculos personales y artísticos. “Quería venir a dar lo que yo sé hacer y decirles que los pensamos, los queremos mucho”, comentó la intérprete, cuyo concierto en La Habana fue diseñado con austeridad y con el apoyo de una red colaborativa de amigos que prestaron equipos e instrumentos musicales a la artista. “Queríamos hacer un concierto sin depender de la electricidad, también para sentir de nuevo que la música es libre y por lo menos no depende de un enchufe”, dijo.

Esa libertad se sintió en cada tramo del concierto, en cada una de las canciones que Silvia seleccionó de Oral Abisal para la ocasión, una novedad para el auditorio que las disfrutó como si las conociera de toda la vida, a la altura de las versiones de 20 años y La tarde, que la artista se dio el lujo de interpretar junto al tótem de la guitarra Alfred Artigas; en la gracia del cantautor cubano Roly Berrío, que se sumó a la fiesta y la comodidad de un público que se animó a pedir canciones al azar, a una artista que les correspondió —Verde, Mañana. Silvia cantó, consoló, acunó los ánimos. Silvia no quería irse, nadie quería, cuando la tarde cayó, la oscuridad se impuso y la única luz que podía verse iluminaba a los músicos, rodeados de linternas de colores con forma de cirios.

Silvia jugó con el público, con las melodías, con los colores de los cirios que cambiaba a su antojo y ya, después del bis y otro bis, cuando ya todos estaban de pie, parados alrededor de ese centro de luz, en medio de la oscuridad, como si de una fiesta pagana se tratase, Silvia pidió cantar con todos “una más”. Y mientras cantaban, a capella, De que callada manera, de Pablo Milanés, Silvia repartió los cirios entre el público y la gente salió cantando de la iglesia, de la oscuridad interior, a la oscuridad del resto de la ciudad, como cada noche desde hace meses. Pero durante un par de horas, este domingo se sintió diferente.

lunes, agosto 24, 2026

Salsa: una controversia que sigue

 Desde que la salsa en tanto que modalidad musical con particulares características integracionistas y caribeñas saltó la barrera de las “clases sociales” para instalarse en el gusto planetario se sigue discutiendo acerca de su ubicación en los términos clasistas, odiosos, esos que continúan tratando de perpetuar la discriminación, aún la cultural.

fiesta de pueblo


24 de agosto de 2026 Hora: 13:16



Desde hace ya un buen tiempo intentamos analizar el tema que sigue en la pelestra del análisis, y esto señalamos:

Toda discusión en torno a los elementos populares de la cultura pasa por el mundo de los conceptos. La salsa, por supuesto, ha atravesado ese umbral sin que se definan en ella y a través de ella, qué tiene de cultura y qué de popular. Para muchos la discusión se centra en la palabra salsa, en quien toca mejor el trombón, o quien fue el primer arreglista de Fania, obviando un problema de fondo que ya parece hacer crisis sin que aparezca la tabla salvadora. De su irreverencia natal a nuestros días, hemos asistido a una rodada cuesta abajo en términos de calidad evidente y significación. Y sobre todo, paradojicamente, de argumentos. Mientras tanto, el proceso que la inscribe dentro de los parámetros de movimiento y tendencia sigue sin estar claro. Es que no terminamos de decantar el mecanismo de discusión que la centre, si es que ello es así, en los territorios de la Cultura Popular.

La cárcel Sexteto Juventud

La definición es necesaria. Solo así tendremos el soporte para reflexionar en torno a si la salsa se corresponde con la cultura y con lo popular del Caribe, como muchos de los ritmos que la han nutrido. Y sabremos además si ella entra en los parámetros de cultura popular, porque, ciertamente, unir los dos conceptos es asunto serio cuando se trata de música; mucho mas cuando ella ha sido generada en centros urbanos, masivos.

fiesta de pueblo para san juan.jpg

Todos los tratados o manuales de Folclore abordan las definiciones de Cultura y de Popular. No hemos encontrado esas definiciones en los libros de Salsa que han llegado a nuestras manos. Pero las definiciones existen y aparecen sistemáticamente en Venezuela, Cuba, Puerto Rico o Colombia.

Esos tratados de Folclore, escritos no pocas veces por manos indecorosas, llegan, aún así, a manejar algunas variables de lo que implica el término “popular”.

En primer lugar señalan que lo popular ya lleva implícita una visión global de la vida, y hasta cósmica. También afirman que lo popular tiene un sello de clases. Añaden que lo popular no lo es tanto por su origen como por sus funciones y uso.

Mi Jaragual. Ismael Rivera

Durante mucho tiempo el área del Caribe, definida admirablemente por Juan Bosch como “Frontera Imperial” ha visto el fuego cruzado de eternas discusiones, ganadas usualmente por quienes detentan el poder económico, político y social. La visión que el pueblo pueda tener de su entorno, de su historia, de sus circunstancias queda velada por ese poder que se impone sutil, o expresamente, según el caso. Y es así como se han confundido los conceptos de Cultura Popular y Cultura de Masas. La Cultura de Masas, finamente trabajada es presentada como Cultura Popular. Sustentada sobre conceptos que se definen universales ella tiene en los Medios de  Comunicación su principal herramienta difusora.

Usando los elementos y riqueza de la Cultura Popular integra a esta en sus mecanismos de producción y da nacimiento al espejismo, en un pueblo que cree que es su cultura la que se expresa, cuando en realidad se trata de otra cosa. Así se acepta de hecho, aunque con ignorancia, la dominación.

La salsa, como expresión caribeña es fiel reflejo de esta contradicción y de esta maquinaria.

Son cepillao con Minué. Guayacán

Conviene recordar acá que la salsa se ha nutrido no solo de géneros musicales, sino de lo que implican: instrumentos, religiones, poesía, sufrimiento, esclavismo, colonialismo, resistencia. La expresión de esa historia escrita a sangre y fuego, con coraje y rebeldía está en la música que ofrece al mundo como síntesis de su historia. Esa historia no quisieron reflejarla los consorcios discográficos y mercantiles que la usufructuaron.

De una forma de esclavitud pasamos a otra, peor, sin mayores límites para su permanencia. Si antes fue el Conquistador o el Mayoral ahora asistimos al desarrollo de una industria cultural que comercializa expresiones a través de los Medios, del espectáculo y del disco, utilizando lo que ha terminado siendo de una heroina a una vasalla: La radio y con ella los medios digitales dispuestos a todo lo que sea explotación.

Se ha echado a andar un plan que comercializa a la cultura como mercancía para el consumo masivo. Y esto no es gratis. Con este peligroso mercadeo la cultura como producto va definiendo una suerte de identidad. Y esa identidad de consumo parece dominar todos los espectros de la vida cultural, con énfasis en la popular.

Para nadie es un secreto que con la invención de la radio, el cine, el disco, la televisión y las nuevas tendencias digitales el sistema económico capitalista se adueñó del tiempo de ocio de los trabajadores… porque se dio cuenta de que le resultaba rentable.

Por esa vía comenzaron a fabricar modelos que dieran solidez al consumo en el ocio y a la práctica de la alienación y el conformismo.

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Tema

La famosa industria cultural, pues, conserva y reproduce las pautas que se ajustan al sistema que la genera, dominantemente capitalista.

Los Compadres (copia del original cubano)

La salsa, lamentablemente, no ha escapado a este mecanismo. Sin respeto por sus raíces, su historia, o tal vez por ello mismo, fue asimilada por la industria del ocio dejando, por lo que de popular tiene, buenas ganancias comercializadoras.

Ciertamente la salsa como expresión de un modo de ser ha ganado la pelea en eso de conservar la base idiomática y un cierto formato musical, poco suceptible de ser transformado por la Industria. Formato en el que, sin embargo, se han venido observando los elementos que ya evidencian crisis: economía en la contratación de músicos y arreglistas que determina a la postre el mismo sonido para todos, blanqueo de rostros y énfasis en cierta estética, evidenciándose así mas interés por el mercadeo de imagen, sobre todo de cara a la televisión y al video que por la música misma, poca utilización de los nuevos recursos autorales y en contraposición explotación desmedida del repertorio ya existente, venga de donde venga, y edulcoramiento de temas, arreglos, voces y figuras en consonancia con la intención política dominante que rige estas horas. Nuestras horas.

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La salsa, en crisis de identidad e intenciones, aunque parezca mentira sigue de parto. En el Caribe mismo están las herramientas para el nuevo alumbramiento.  Han transcurrido decenios y estamos en una etapa de madurez que nos obliga a ser consecuentes con la historia y a no claudicar frente a los perversos mecanismos que siguen tratando de desdibujar nuestra identidad. Para la salsa tampoco hay 3E.

microfono.jpgAutor: Lil Rodríguez
Fuente: teleSUR

Allende-Quilapayun en vivo.