sábado, abril 12, 2025

Ismael Serrano en Sevilla: la prueba de que hay sueños que se hacen realidad


La ciudad ha sido una de las paradas de este viaje por los temas más escuchados de su repertorio, esta vez con un toque sinfónico

Ismael Serrano cantando en Sevilla manuel olmedo

Cuando alguien persigue una ilusión, «los sueños se cumplen» es una de las frases más alentadoras, pero también puede ser dolorosa, porque a veces las ganas no bastan para cumplir ciertos objetivos. Por suerte, hay anhelos que, por muy imposibles que parezcan, se terminan haciendo realidad.


El cantante Ismael Serrano, vivía fantaseando con añadir a sus composiciones el toque mágico que solo una orquesta sinfónica podía ofrecer. Este fue el punto de partida de 'Ismael Serrano. Sinfónico', algo que, en palabras del artista: «se había vislumbrado en algún concierto puntual, pero no en un disco como este y, menos aún, en una gira como la de este 2025». Sevilla ha sido uno de los destinos de este viaje musical por los temas más representativos de una trayectoria que abarca, ni más ni menos, que 30 años.

Anoche, miles de personas se desplazaron al Cartuja Center para disfrutar, durante alrededor de dos horas y media, de la voz en directo de Ismael Serrano.

«Los mismos acordes, pero siendo personas diferentes»

«Decía Machado que si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo es despertar», así arrancaba Serrano su discurso, tras cantar el tema con el que inauguró la jornada, 'Sucede que a veces'. «Los sueños se cumplen, sí, a veces. Al final, todo depende de dónde hayas nacido, en qué clase social, si has recibido herencia o no… Creer no es suficiente, pero sí necesario. Quiero darle las gracias a toda esa gente que ha creído en mí, y a los que me han acompañado en estos 30 años. Vamos a darlo todo, ya lo decía Bill Murray: hagas lo que hagas, da siempre el cien por cien, a menos que estés donando sangre».

El espectáculo de Ismael Serrano de anoche no se caracterizó por la efusividad, precisamente, porque el público no cantó, si quiera, una canción completa. Eso sí, los aplausos -y alguna que otra aclamación- retumbaron fuertemente por las paredes del auditorio tras cada tema. Lo que sí protagonizó el show fue la emotividad. Ya lo adelantaba el artista antes de cantar 'Un muerto en cierras': «La gente sale de mis conciertos destacando lo mucho que ha llorado». Es fácil creerle, porque, a lo largo de la velada, se oyeron sollozos entre diferentes secciones del público.

Cuando pareció que la pena había tocado fondo, Ismael sugirió que «creo que aún podemos ahondar en la tristeza. Creo que es la canción más triste de mi repertorio, de las canciones escritas en castellano, en el mundo. Es la eterna nominada, pero que nunca gana, así que permítanme que me otorgue este premio». Así fue como presentó 'Recuerdo'.

A lo largo de su actuación, Serrano compaginó sensibilidad y humor a partes iguales, y además de deleitar con su timbre, el vallecano sorprendió a todos con simpáticas ocurrencias entre canción y canción: «Yo hablo mucho. Cuando tienes 20 años, hay muchas cosas que se quedan fuera de una canción y lo que quieres es contextualizar. Cuando tienes 30 o 40, comentas cómo ha evolucionado cada tema, explicas los matices, porque tu forma de ver la vida ha cambiado. Cuando tienes 50 o 60, hablas para darte un respiro», admitió, dando paso al siguiente tema: «Solo me callo cuando aparece ella y me dice cállate y baila».

La orquesta sinfónica que ha acompañado la actuación de Ismael  manuel olmedo

Además de 'Cállate y baila', y las mencionadas con anterioridad, el setlist estuvo compuesto por clásicos de su discografía, como 'La llamada', 'Absoluto', 'Nieve' -la canción que tiene con Pedro Guerra-, 'Si se callase el ruido' -el tema con Rozalén-, 'Vine del Norte' -la colaboración con El Kanka- o 'Ana', entre otros. Ocurre que, cuando a las composiciones de Ismael Serrano se le añade el toque sinfónico de una orquesta y un juego de luces que sigue el ritmo de la música, se obtiene como resultado un recital cuya magia recuerda a eso que transmiten las canciones de Disney.

Algunas piezas que Sevilla pudo oír en directo, llevaban décadas formando parte de la industria musical, y con las canciones ocurre lo mismo que con las personas: son las mismas, pero, con el tiempo, van cobrando un significado diferente. En esta misma línea, Ismael bromeaba con la idea de que «hay veces que decimos que los primeros temas de un artista eran los mejores, pero, ¿y si lo que echamos de menos no son esas canciones en sí, sino las personas que éramos cuando las escuchábamos? Aunque a veces es cierto que hay artistas cuyas primeras canciones eran las mejores».

Aunque en ocasiones parezca mentira, las personas evolucionan. Ayer, la capital hispalense fue testigo del crecimiento musical de un artista que lleva más de tres décadas en la música a pesar de que sus «temas no suenan en la radio». Fue un concierto tranquilo, pero cargado de emociones. El vallecano fingió un adiós, y Sevilla pensó que 'Papá cuéntame otra vez' estaba siendo la última canción. El público se puso en pie para, inocentemente, despedir a los artistas que ocupaban el escenario. Lo que nadie sabía era que el artista aún tenía dos temas guardados como un as en la manga.

La velada terminó por todo lo alto. Con 'La canción de nuestras vidas' y palmas en cada estribillo de la misma, Ismael Serrano puso el broche de oro al viaje musical. Sevilla lo hizo con una gran ovación en honor al artista, que, a través de su delicadeza, había logrado penetrar en cada uno de los corazones presentes en la sala.

Aunque tú no lo sepas-la poesía de Luis García Montero


 

¡Mira que eres canalla, Aute!

 

Personajes

El autor de “Rosas en el mar”, quien murió hace cinco años, fue un artista total: compositor, cineasta, escultor, pintor, poeta. Fue también un hombre comprometido con su tiempo.

De padres españoles, nació el 13 de septiembre de 1943 en Manila, Filipinas, y murió el 4 de abril de 2020 en Madrid, durante la trágica epidemia de covid-19.

Han transcurrido cinco años de su muerte y su ejemplo perdura, como sus canciones. En 1967, en plena dictadura de Franco, cuando tantos callaban, alzó la voz con “Rosas en el mar”, que interpretada por Massiel le dio la vuelta al mundo con sus versos sencillos pero elocuentes: “Voy pidiendo libertad / Y no quieren oír / Es una necesidad / Para poder vivir // La libertad, la libertad / Derecho de la humanidad / Es más fácil encontrar / Rosas en el mar”.

En 1975 publicó “Al alba”, cantada por Rosa León, que ha quedado para siempre asociada a los últimos fusilamientos ordenados por el franquismo, el 27 de septiembre de ese año. En Wikipedia se lee que Aute pretendía componer un tema contra la pena de muerte, como no quedó conforme con el resultado, compuso una canción de amor —“oscura, sufriente”, según el crítico español Luis García Gil—. Fue su intérprete “quien le comentó que parecía que relataba la historia de una ejecución al amanecer” y en un concierto ella se la dedicó a los condenados del régimen, cinco fusilados simultáneamente en Madrid, Barcelona y Burgos. Dice: “Si te dijera, amor mío / Que temo a la madrugada / No sé qué estrellas son estas / Que hieren como amenazas / Ni sé qué sangra la Luna / Al filo de su guadaña // Presiento que tras la noche / Vendrá la noche más larga // Quiero que no me abandones / Amor mío, al alba / Al alba, al alba / Al alba, al alba”.

Políglota, además de español hablaba tagalo, inglés, francés, italiano, Luis Eduardo Aute nunca abandonó la pintura y el dibujo, expuso en importantes galerías de Europa y América, musicalizó y dirigió varias películas, pero fueron sus canciones, interpretadas por las mencionadas Massiel y Rosa León, pero también por Mari Trini, Ana Belén, Ana María Drack y Luis Pastor, entre tantos y tantas cantantes más, con las que su nombre viajó por el mundo. En 1967 grabó su primer álbum, Diálogos de Rodrigo y Gimena y, con algunas pausas, continuó acumulando éxitos con álbumes como De par en par (1979), Alas y balas (2003), El niño que miraba el mar (2012) y De la luz y la sombra (2018).

En el 2000 sus amigos grabaron ¡Mira que eres canalla, Aute!, un álbum que toma el título de uno de sus temas (“Mira que eres un canalla”) para rendirle tributo. En el disco participan, entre otros, Pedro Guerra con “Pasaba por aquí”; Joan Manuel Serrat con “De alguna manera”; Ella baila sola con “Ay de ti, ay de mí”; Jorge Drexler con “Anda”; Pablo Milanés con “Libertad”; Joaquín Sabina con “¿Quién es Caín, quién es Abel?” e Ismael Serrano con el tema que da título al homenaje y que dice: “No te lo pienses dos veces / Haz lo que te pida el alma / Puede que cambie tu suerte / Mira que eres canalla / La taquicardia, el miedo / Cuántos momentos de pasarlo mal / Fue una carnicería / Aquella guerra por la libertad”.

Luis Eduardo Aura fue un artista, un crítico del poder, un intelectual. En una larga entrevista con Miguel Ángel Ortega Lucas para la revista digital ctxt, reflexionaba: “Estamos en un mundo en que se desprecian la poesía y la magia. Y la poesía tiene la capacidad de ir mucho más allá de la reflexión filosófica […] Porque invoca a la imaginación sin discurso”.

La imaginación, la poesía, el arte, el mundo de Luis Eduardo Aute.






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viernes, abril 04, 2025

Los cantantes populares comunistas que moldearon a Bob Dylan


Los cantantes populares comunistas que moldearon a Bob Dylan

Por Taylor Dorrell

25 de marzo de 2025   Jacobin


En 1960, un joven Robert Zimmerman —quien había comenzado a llamarse a sí mismo "Bob Dylan"— viajó desde las gélidas llanuras de Minnesota hasta Nueva Jersey en una peregrinación. Su destino: la cabecera de su ídolo enfermo, el legendario héroe popular Woody Guthrie. Estaba obsesionado con Woody, o mejor dicho, con la figura mítica que Guthrie creó en sus memorias, Bound for Glory . El libro retrataba a Guthrie como un trovador popular que saltaba de tren en tren cantando para campamentos de vagabundos, salones sindicales y cantinas, armado únicamente con una guitarra y una armónica. El biógrafo Clinton Heylin  describió  a Dylan en ese momento como completamente inmerso en su "fase Guthrie".

A Complete Unknown,  inspirada en  Dylan Goes Electric  de Elijah Wald ,  ha devuelto a Dylan al protagonismo. Sin embargo, su descripción de su historia pasa por alto un hecho histórico clave: tanto Pete Seeger como Woody Guthrie —figuras centrales en la carrera de Dylan y la narrativa de la película— eran comunistas. Dadas las limitaciones de lo que una película puede capturar, vale la pena revisitar la época anterior a  A Complete Unknown  para ver qué moldeó las primeras influencias de Dylan.

Cuando Seeger y Guthrie cantaron para salvar sus vidas

"No estoy seguro de si estos tipos van a intentar disolver la reunión o no",  confesó Robert Wood  a Pete Seeger y Woody Guthrie, con la mirada fija en la fila de hombres formados al fondo del local sindical. Era 1940, y la  huelga de la Refinería Mid-Continent  se había prolongado durante más de un año, con la violencia estallando en atentados, tiroteos e incluso ataques con ácido. Ese día, el local albergaba a sesenta trabajadores exhaustos y sus familias, apiñados bajo la mirada severa de los hombres del fondo, cuya lealtad, ya fuera a la policía, a la Guardia Nacional o a la petrolera, seguía siendo una incógnita.

Lo que ocurrió en ese viaje por carretera es legendario. Tocaron música en bares para recaudar dinero para la gasolina, recogieron a autoestopistas curiosos (incluido un hombre sin piernas llamado Brooklyn Speedy) y, en más de una ocasión, escaparon por poco de la cárcel.

Al llegar a Oklahoma, Woody contactó con el Partido Comunista local, que envió a los organizadores del partido, Robert e Ina Wood, para escoltarlos. Los Wood organizaron una especie de minigira, llevándolos a cantar para los residentes empobrecidos de Hooverville, la Alianza de Trabajadores Desempleados y los trabajadores petroleros en huelga. Fue el comienzo de una amistad y colaboración para toda la vida, pero en ese momento no estaba claro si esta parada terminaría en su arresto o en algo mucho peor.

Esa noche en el local del sindicato, mientras la tensión amenazaba con estallar, Robert Wood tuvo una idea original para calmar la situación. «A ver si consigues que todo el público cante», les  dijo  a Guthrie y Seeger.

Ninguno de los dos estaba del todo seguro de poder desempeñar el papel de pacificadores. Seeger, con tan solo veintidós años, seguía siendo más un admirador que un colaborador del entonces poco conocido pero ampliamente respetado Woody Guthrie. También eran, en muchos sentidos, polos opuestos. Guthrie era bajo, brusco, huérfano de joven, y pasó sus primeros años subiendo trenes y cantando en cantinas. Seeger, en cambio, era alto, de voz suave, había abandonado Harvard y desconocía por completo el tema de subirse a trenes. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, ambos compartían un profundo compromiso con la música y la política, considerando la música folclórica como la voz de las contradicciones de Estados Unidos: su belleza y su tragedia, su diversidad y sus luchas. Unidos en su oposición a las duras realidades del capitalismo, ambos vieron en el Partido Comunista la visión de una sociedad más justa e igualitaria.

Seeger había sido miembro de la Liga de Jóvenes Comunistas de Harvard antes de, según  sus propias palabras , "graduarse al Partido Comunista". Guthrie se había visto inmerso en  las luchas relacionadas con el partido  a través de su programa de radio en California. Su primer agente de contratación, Ed Robbin, fue presentador del programa antes del suyo y editor de  People's World,  el periódico del Partido Comunista en la Costa Oeste. Guthrie llegaría a escribir una columna diaria para el periódico, titulada " Woody Sez ". Como artistas, buscaban encarnar la visión del escritor comunista  Mike Gold  de un "Shakespeare con overol", una voz cultural para las luchas sociales de la época.

Esa noche, en el local sindical, esas luchas se hicieron patentes. Cualquiera presente habría visto el cambio radical en el ambiente cuando Guthrie y Seeger sacaron sus instrumentos. Mientras los invitados indeseados del fondo observaban la sala, todos los trabajadores y sus familias comenzaron a cantar. Aunque solo fuera por un instante, la tensión se disipó.

«Quizás fue la presencia de tantas mujeres y niños lo que los disuadió», reflexionó Seeger más tarde. «O quizás fueron los cantos».

La Casa del Almanaque

Quizás fue el canto lo que llevó, más tarde ese año, al arresto de Ina y Robert Wood en su librería, la Librería Progresista. Fueron condenados a  diez años de  prisión por violar la Ley de Sindicalismo Criminal. Según la ley, era ilegal vender libros que promovieran el sindicalismo criminal o el sabotaje. Entre los títulos supuestamente subversivos en cuestión se encontraban obras como la Constitución de los Estados Unidos, la Biblia y la biografía de Benjamin Franklin escrita por Carl Van Doren.

La Pánico Rojo en Oklahoma en 1940 dio paso a una temprana lista negra estatal, lo que obligó a otra música radical de Oklahoma, Agnes "Sis" Cunningham, a huir a Nueva York. Miembro del grupo de teatro de izquierdas Red Dust Players, Cunningham había llamado la atención del FBI, que  la describió  como "muy activa con el elemento comunista".

Pete Seeger estaba ocupado con el papeleo cuando Sis Cunningham y su esposo Gordon Friesen llegaron a Almanac House, el apartamento de Greenwich Village donde se usó por primera vez el término "hootenanny" para describir una actuación folclórica improvisada. (Las hootenannies de los domingos por la noche también les ayudaban a pagar el alquiler). Seeger se levantó de un salto para darles una cálida bienvenida y les presentó a Lee Hays, quien estaba absorto en convertir un par de cucharas en un instrumento musical, y a un guitarrista de Oklahoma con el pelo despeinado: Woody Guthrie. Cunningham y Friesen pronto se mudaron y Sis, acordeonista, se convirtió en un miembro clave del grupo.

Poco después de su trascendental gira por Oklahoma, Guthrie y Seeger unieron fuerzas en Nueva York, donde Almanac House se convirtió en parte de una comunidad urbana de cantantes folk de izquierda. Era una mezcolanza de músicos, radicales y vagabundos unidos por dos cosas: la música y la visión de un mundo mejor.

Aquí la narrativa irregular de Guthrie se encontró con la refinada musicalidad de Seeger. Escribieron e interpretaron canciones que capturaban las luchas de la gente común, desde mineros de carbón hasta aparceros, lanzando álbumes impregnados del lenguaje de la lucha de clases.

Los Cantantes del Almanaque eran abiertamente políticos. Sus canciones a menudo seguían la línea del Partido, pasando de himnos antifascistas a "canciones de paz" aislacionistas durante el breve período del Pacto Mólotov-Ribbentrop, para luego volver a la lucha contra los fascistas tras la invasión nazi de la Unión Soviética. Los críticos han tildado este giro político de ingenuo u oportunista, pero para Guthrie, Seeger y sus camaradas, estos cambios reflejaban la urgencia de su época.

Como Seeger explicó posteriormente en una  entrevista de 2006 , el Reino Unido y Estados Unidos habían tolerado a Adolf Hitler, con la esperanza de que atacara a la Unión Soviética. Joseph Stalin interrumpió sus planes al firmar un pacto de no agresión, lo que desbarató temporalmente esa expectativa. Los comunistas llevaban mucho tiempo combatiendo el fascismo en España, Alemania e Italia, instando a la Sociedad de Naciones a actuar, pero consideraban la guerra imperialista hasta que los nazis invadieron la URSS. Esto transformó por completo el conflicto en un ataque al socialismo, lo que llevó a Woody  a decirle a Pete : «Supongo que ya no estamos cantando canciones de paz».

Los Almanac Singers eran famosos, al menos en las páginas del  Daily Worker . El columnista Mike Gold, uno de sus primeros seguidores, vio en ellos algo más inspirador que el  Composers' Collective . «En el  Daily Worker , éramos famosos», dijo Seeger en una  entrevista , «desconocidos en otros lugares». Pero sentaron las bases de lo que vendría después.

Los primeros músicos cancelados fueron comunistas

En 1950, la canción de los Weavers, "Goodnight, Irene", fue número uno en la rocola. Para 1951, sus éxitos —"Tzena", "Kisses Sweeter Than Wine" y "So Long, It's Been Good to Know Yuh"— eran omnipresentes. Estas canciones, con arreglos de cuerdas suaves, flautas y ritmos lentos, ofrecían una versión pulida y radiofónica del folk. Ningún grupo de folk en la escena musical neoyorquina había alcanzado semejantes cotas.

Pero su fama duró poco. Uno de sus miembros, Pete Seeger, fue el único músico nombrado en  Red Channels , el infame folleto de 1950 que alegaba vínculos comunistas entre figuras culturales. Con el FBI respaldando la lista negra, los Weavers se convirtieron en el primer acto musical en ser realmente "cancelado" en el sentido moderno. Sus anuncios de televisión fueron desechados, sus conciertos, incluido uno en la Feria Estatal de Ohio, cancelados. (El gobernador de Ohio, Frank Lausche, recibió personalmente documentos confidenciales del FBI directamente de J. Edgar Hoover antes de cancelar su actuación, aunque la decisión fue tan rápida que sus nombres aún aparecían en los programas).  Variety  señaló  que fueron "el primer grupo cancelado de un café de Nueva York debido a supuestas afiliaciones de izquierda".

La rebeldía de Seeger solo agravó sus problemas. Cuando testificó ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes (HUAC) en 1955, Seeger se negó a acogerse a la Quinta Enmienda ni a mencionar nombres. En cambio, cuestionó la autoridad misma del comité para interrogar a los estadounidenses sobre sus creencias, citando implícitamente la Primera Enmienda. Como resultado, fue  etiquetado como  un "testigo hostil". Para entonces, la inclusión en la lista negra había truncado las carreras de los Almanac Singers, los Weavers y el propio Seeger. En 1956, fue citado por desacato al Congreso junto con el  Dr. Otto Nathan , buen amigo de Arthur Miller y Albert Einstein .

Woody Guthrie nunca alcanzó la fama de los Weavers, ni fue nombrado en  Red Channels . Mientras el espíritu de la nación se veía sofocado por los juicios anticomunistas, la salud de Woody comenzó a deteriorarse. Siguió los pasos de sus padres: desarrolló la enfermedad de Huntington al igual que su madre y, en un trágico eco de su padre, se incendió accidentalmente. Las quemaduras en su brazo y mano derechos los dejaron inutilizables. Pronto estuvo entrando y saliendo de hospitales, hasta que un día, quedó definitivamente.

A pesar de la represión, Seeger se mantuvo desafiante y recordaba con cariño esta época. «Me encantó»,  reflexionó más tarde . Su música había sido vista por el gobierno más poderoso del mundo como un arma digna de ser desarmada.

Una lucha y una canción

Aunque Seeger encontró público más tarde en su vida, nunca escapó del todo del punto de mira del anticomunismo. Fue incluido en la lista negra del programa de televisión  Hootenanny  y vilipendiado por visitar Vietnam del Norte durante la Guerra de Vietnam, aunque figuras como Johnny Cash  lo defendieron  , llamándolo "uno de los mejores estadounidenses y patriotas que he conocido". También se unió a la joven ola de cantantes folk que se dirigieron al sur para apoyar las luchas por los derechos civiles que tuvieron lugar durante la década de 1960.

Su historia es más que una nota al pie en la vida de Bob Dylan. Elijah Wald,  autor de  Dylan Goes Electric , escribió en una publicación de Facebook, posteriormente eliminada, que A Complete Unknown  "defrauda tanto el humor como el compromiso político de ese mundo". El legado de Dylan es complejo, y minimizar las mayores influencias de sus inicios profesionales no le hace ningún favor.

Para Woody Guthrie y Pete Seeger, la música folk nunca fue solo música: era memoria, resistencia y un recordatorio de que, incluso en los momentos más duros, las canciones más sencillas pueden llevar el peso de un mundo mejor.  Al escribir sobre  Guthrie, Mike Gold planteó una pregunta: "¿Adónde vamos todos los que hemos apostado nuestras vidas por las democracias? ¿Quién puede decirlo?". Encontró la respuesta en las canciones "duras y dolorosas" de Guthrie, canciones que "huelen a pobreza, auténtica suciedad y sufrimiento". "La democracia es así", escribió, "y es una lucha y una canción".

Tal vez sea hora de una nueva “fase Guthrie”: de tomar nuestras máquinas contra el fascismo, como lo hicieron alguna vez los cantantes populares comunistas, y atrevernos a imaginar un mundo nuevo.

 

Taylor Dorrell es escritor y fotógrafo y reside en Columbus, Ohio. Colabora en Cleveland Review of Books , es reportero del  Columbus Free Press y fotógrafo independiente.

Reconocimiento a Martín Luther King.


 

Fragmento del libro:“Víctor Jara : Un canto truncado” Testimonio de su esposa, Joan Jara._😔✊🏽🇨🇱

"Lo siento, tenía que encontrarla…Lamento decirle que Víctor ha muerto… Encontraron su cuerpo en la morgue.  (…) Le ruego que sea valie...