viernes, noviembre 04, 2022

Joan Manuel Serrat en Cuba.

 De los articulos Te despediras de nosotros en Cuba? y Serrat en Cuba,el año de su presentacion

Uno de los lugares esperanzados por ver al autor de Penélope antes de que se retire es Cuba, donde ha escrito intensas páginas de su carrera musical y tiene muchos seguidores. Hace ya más de dos décadas de su última presentación en La Habana.

La conexión del público cubano con Serrat y viceversa comenzó a fraguarse desde muy temprano. En mayo de 1973 el cantautor español aterrizó por primera vez en La Habana. Entonces estaba a punto de cumplir treinta años, era uno de los referentes de la nueva canción catalana, una generación que enfrentó con su arte identitario al dictador Francisco Franco. Por si fuera poco Joan Manuel ya tenía en su haber discos como Mediterráneo y puso su voz y música para desempolvar en un par de álbumes imprescindibles poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández.

Serrat se presentó con sus músicos en el teatro Amadeo Roldán, en La Habana, en conciertos abarrotados. 

Serrat en el anfiteatro del Parque Lenin. Imagen tomada de Cuba Material

Hizo otros recitales en Santiago de Cuba y en Camagüey, respectivamente. Llegó hasta un campamento cañero. Durante el día cortó caña junto a los macheteros y, a la noche, a guitarra limpia, regaló canciones a sus compañeros cubanos de faena. 


Cuya palma real citará en la canción “De árbol a árbol”, nuevamente a través de su acercamiento a la poesía del uruguayo Mario Benedetti. Serrat actúa en campamentos cañeros. Conversa con los trabajadores y se estrena como machetero. Se deja llevar por una pequeña comitiva cubana que le sirve de guía. En el albergue de la brigada Héroes de Bolivia canta a Atahualpa Yupanqui y “El testament d’Amèlia”, que había grabado en su disco Cançons tradicionals. También sorprende con una versión de “Na Catalina da Plaça”, un tema popular humorístico mallorquín que el grupo Los Bohemios había grabado en 1966. De la cosecha propia canta “Si la muerte pisa mi huerto” y “Aquellas pequeñas cosas”.

Para despedirse de esa primera gira por Cuba volvió, el 18 de mayo, al Amadeo Roldán y la televisión cubana transmitió en vivo la función.

Antes de su regreso a Madrid pudo charlar con Nicolás Guillén para despedirse de la comitiva oficial que le había acompañado y agasajado, especialmente del Consejo Nacional de Cultura. 

A partir de ahí fueron frecuentes De sus visitas a Cuba y la relación afectuosa con cubanas y cubanos. Ya lo había anunciado en su tema Vagabundear: «No me siento extranjero en ningún lugar, /donde haya lumbre y vino tengo mi hogar. /Y para no olvidarme de lo que fuí,/ mi patria y mi guitarra las llevo en mí…»

Joan Manuel Serrat. Argentina, 2015. Foto: Kaloian Santos.

    A Cuba retorna para actuar,En marzo de 1978, ya exiliado en México, escogió a La Habana como punto de partida para una gira por Latinoamérica. Entre las canciones de su repertorio incluyó el poema “No sé por qué piensas tú”, de Nicolás Guillén, con música del argentino Horacio Guarany. En noviembre de 1982 fue una de las principales figuras del Primer Festival Internacional de la Nueva Canción,en Varadero.

Joan Manuel Serrat en concierto sinfónico. Argentina, 2019. Foto: Kaloian Santos.

En 1984 en una nueva gira por América Latina, el catalán pasó por Cuba. Al año siguiente compartió en un estudio de grabación con Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Ana Belen, Víctor Manuel, Miguel Ríos y Luis Eduardo Aute. Fue en la grabación del disco Querido Pablo, donde Serrat interpreta a dúo con Milanés «Yo pisaré las calles nuevamente».

En 1997, tras diez años de ausencia y como parte de su gira A vuelo de pájaro, se presentó en Varadero y en el teatro Karl Marx. En esa visita aprovechó para reencontrarse con viejos amigos y pasear por la ciudad. En una de las escapadas entró a una barbería de La Habana Vieja, se afeitó y posó con los barberos para una foto. Esa instantánea se convirtió en el año 2000 en la tapa de Cansiones (así con s) o Tarres Serrat, como es conocido el vigesimoséptimo álbum de Joan Manuel Serrat.

La admiración por el catalán y la impronta de su obra, fueron motivos suficientes para que, en 2005, una larga lista de músicos cubanos lo homenajearan y grabaran “Cuba le canta a Serrat”, un disco doble con versiones de los temas de Serrat en varios géneros. En 2007 se lanzó otro disco doble que incluyó a nuevos músicos criollos. En la lista de ambos materiales están, entre otros, Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Santiago Feliú, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Chucho Valdés, Frank Fernández, Tata Güines, las orquestas Los Van Van, Pupy y los que son son, Pancho Amat y su cabildo del son, La Aragón, Bamboleo, Adalberto Alvares y su son y La Charanga Habanera.

Joan Manuel Serrat en el teatro Gran Rex. Buenos Aires, 2015. Foto: Kaloian Santos.

En el año 2015, a propósito de celebrar el medio siglo con la música, Serrat presentó «Antología desordenada», cuatro discos donde comparte cincuenta de sus canciones con artistas de varias partes del mundo, entre ellos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. A su paso por Argentina tuve la oportunidad de preguntarle sobre su relación con Cuba y de la posibilidad, por entonces, de volver a actuar para el público cubano.

“¡Por supuesto que me encantaría que Cuba estuviera incluida en esta gira!”, exclamó emocionado, quien enfatizó sus deseos al declarar que le “gustaría muchísimo” coordinar algún concierto en La Habana pero “la infraestructura no siempre es fácil de conseguir”, dijo.

Joan Manuel Serrat. Argentina, 2019. Foto: Kaloian Santos.

Acto seguido expresó: «Si bien en este disco hay dos cubanos, podrían haber estado muchos más. Mi amistad con los artistas cubanos no se circunscribe solo a los de la trova, sino también a una gran cantidad de músicos de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Cuba es uno de los lugares en el mundo donde existe una densidad de artistas por metro cuadrado superior a la del resto de la humanidad».

Por ese amor mutuo entre Joan Manuel Serrat y los cubanos, vale la pena comenzar a tocar todas las puertas que haya que tocar para ver si Cuba forma parte de la gira de despedida “El vicio de cantar 1965-2022″.



Las botas de Serrat




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cabezal amaury perez columna cronica de amaury grande

Corría 1973. El cantautor catalán Joan Manuel Serrat se presentó en Cuba por primera vez. Durante tres noches consecutivas, en un colmado teatro Amadeo Roldán, nos regaló sus magníficas canciones. A la sazón, Joan Manuel gozaba de unos soberbios 29 años, y ofrecía un espectáculo elegante, intenso, con músicos acompañantes vestidos de esmoquin, mientras estrenaba en cada función camisas de seda rosa pálido, pantalones de terciopelo rojo vino, cintos de plata y charol, y relucientes botines de cabritilla negra. Llevaba el cabello por los hombros y sus fanáticos, que éramos muchos, nos volvimos locos con su concierto de luces precisas, sonido perfecto y poéticos diálogos porque nos venía a demostrar, o al menos a mí, que para componer y entonar aquellas increíbles e inteligentes tonadas no era necesario convocar el desaliño y la solemnidad.

Por esa época yo transitaba los diecinueve, y conseguí las entradas para los conciertos a través de mis padres. Con el paso de las horas y de camino al teatro, lo recuerdo claramente, la ansiedad por escucharlo en directo se hacia destino.

Algunos cantautores cubanos organizaron, un par de días antes de su debut habanero, un pequeño encuentro con él en la Escuela Nacional de Arte al que no fui convidado. En cierto modo me alegré porque no resultó muy ameno como más tarde me comentaron bajito. No lo conocí personalmente entonces.

En 1974 regresó. El cantautor Carlos Puebla me llevó a su camerino en las horas previas a su primer concierto de la temporada para presentármelo. Juro que no se lo pedí, pero acepté gustosísimo la invitación. Por aquellos abriles yo apenas había grabado un par de temas y me sentía entre ambos como una hormiga daltónica en un circo de tornasolados elefantes. Recuerdo a Serrat sonriente lustrando sus botas con un artefacto que no había visto en la vida; un pomo plástico con una esponja en la punta que al apretarse soltaba un chorro de tinta oscura que lavaba y secaba la piel casi al unísono. ¿Y dónde estará la lata de betún?, me pregunté desconcertado hurgando el entorno de soslayo.

Con el primer intercambio de miradas hicimos química. Fue amable conmigo y se comportó curioso y solícito. Permanecí allí turbado, tímido, y economicé las palabras, tartamudo, con la mente confusa. Joan Manuel, inesperadamente, me soltó: “¿Qué que vas a hacer después del concierto?, porque si no tienes nada mejor que te ocupe, te invito a cenar al hotel y conversamos un rato”. ¡Por poco me desmayo! Las canciones de Serrat, y su talante de galán mediterráneo, formaban parte de mi selecto equipaje sonoro y sentimental desde hacía mucho, la perspectiva de una plática con él, de tú a tú, me acercó al colapso nervioso. “Espérame en el escenario al final y nos vamos juntos”, agregó.

Nos fuimos al hotel Habana Libre, lugar donde se hospedaba, en un Chevrolet 59 de imponente tamaño. El Habana Libre está en El Vedado, L entre 23 y 25 para ser preciso. Yo, por entonces vivía con mi madre y mis hermanos en 25 y B, por lo tanto mi casa estaba a siete cuadras de distancia del mismo. Pidió de cenar en la habitación. ¡Una bacanal de sabores desconocidos u olvidados! Jamás había entrado al Habana Libre, así que fue una experiencia triplemente impactante y satisfactoria: Serrat, el hotel y la comelata con whiskey incluido. Para un joven que solo conocía el aguardiente Coronilla, el etílico detalle fue significativo.

Tuvimos una larga, amena y distendida charla que selló nuestra amistad hasta el día de hoy. Antes de partir, ya bien entrada la madrugada, me quiso hacer un regalo que en principio rechacé: ¡Uno de sus pares de botas! No quería aceptarlas pues me moría de vergüenza. “¡Pruébatelas, y si te sirven son tuyas!”, insistió y me las alcanzó.

Deseé ponérmelas. Me senté avergonzado, de espaldas a él, en el sofá de su suite porque pretendí ocultar ante sus ojos, como si no los hubiera visto antes, mis sucios y raídos tenis de campaña. Fue un momento perfecto, dramático, de incalculable intensidad, pero ¡Yo calzo el 11 y Serrat el 7 ymedio! Así y todo pensé en las hermanastras de Cenicienta, siempre sentí por ellas cierto cariño, y no me explico como metí, como se dice popularmente, ¡La Habana en Guanabacoa!. A Juanito le dije que me quedaban “pintadas”, mientras mis pies se suicidaban perdiendo la forma con los segundos. Antes de que notara mi agonía, lo despedí con un abrazo, y partí, con el mejor talante posible dadas las circunstancias, amoldando al suelo las botas de cabritilla negra de Joan Manuel.

Una vez en la calle, intentando burlar el pavimento, sentí en los juanetes y el dedo gordo un ardor naciente, primigenio, un insoportable dolor después, y en instantes, ya caminaba renqueando a paso de tortuga intentando ajustar la marcha con extremo cuidado. Al fin llegué a nuestro apartamento y llamé a la puerta; me abrió mi madre que, al advertir mi rostro desencajado, me preguntó alarmada: “¿Amaurito, qué te pasa, mi hijo?”. Por toda respuesta le señalé las botas. “¡Por Dios!: ¿A quién se las robaste?”, fue su lacónica pregunta. “Tus pies parecen los de una concubina japonesa, vamos a quitártelas” —replicó conmovida—, “ya me dirás después de donde salieron”.

Cuando por fin me liberó de aquella tortura peletera, mis extremidades estaban entumecidas, rotas, ampolladas, sangrantes. Evité argumentarle los pormenores de la insólita adquisición, y tardé semanas en volver a caminar con normalidad.

Nunca más quise, ni pude, ponerme las botas, pero aún las conservo, cuarteadas y ebrias de moho, como tangible recuerdo de aquella noche memorable donde el gran Joan Manuel Serrat y yo compartimos afecto, generosidad… ¡Y calzado!

joan manuel serrat 1973 foto
En Video, Joan Manuel Serrat en Cuba (1973)

martes, noviembre 01, 2022

Declaración de la comisión Aponte de la UNEAC


Un hecho insólito acaeció recientemente en la ciudad de Holguín. Según refieren testimonios que circulan en las redes sociales, un grupo de jóvenes, salieron a la calle luego de celebrar Halloween en un espacio que alquilaron, en el momento final de su fiesta, se fueron a la vía pública encapuchados de blanco con las insignias del KKK y una cruz, con gritos agresivos y provocadores como “¿Dónde están los negros?”.


Nuestra sociedad no puede permitir que se actúe de esa manera, impunemente, y en nombre de la libertad de expresión. Nuestra Comisión Aponte, integrada por escritores, artistas e investigadores de todo el país, condena enérgicamente la conducta racista y éticamente detestable de los organizadores y participantes en esa manifestación que nada tiene que ver con nuestra cultura e identidad y mucho menos con los valores que preconizamos en la construcción de una sociedad mejor.


Exigimos las responsabilidades penales que merecen, a los organizadores y participantes en ese acto de violencia, por violar el derecho de igualdad, previsto y sancionado en el Código Penal.


Como pueblo, con una identidad en constante proceso de asimilación de nuevas influencias foráneas, a la vez que cada vez aportamos más, desde la cultura cubana, a la cultura universal y a la de distintos pueblos cercanos y distantes, conscientes de que la globalización es un proceso objetivo de la civilización, no condenamos la festividad de Halloween; sin embargo refirmamos que no forma parte de nuestro acervo cultural, que, de ella, podemos integrar lo que se identifique con nuestros hábitos, costumbres y tradiciones, como ha sucedido con otras manifestaciones culturales de los más diversos orígenes, incluyendo el anglosajón.


No copiemos al calco y a la fuerza, una festividad que no forma parte de nuestra idiosincrasia. Del norte anglosajón nos llegaron muchos aportes culturales que asimilamos y transculturamos a nuestra manera.


Hoy somos creadores de un Jazz latino y un Jazz cubano, que no surgió en Nueva Orleans sino en nuestros salones. Cultivamos el filin que no es exactamente el feeling. Tenemos un Rap cubano y una cultura Hip Hop no copiada de Nueva York, sino nacida del sentimiento de nuestros barrios citadinos. Nuestro rodeo en los campos cubanos, no son de cowboys rubios con sombreros tejanos, sino de guajiros con sombreros de yarey, curtidos por el sol del trópico. No podemos autocolonizarnos. Tenemos una cultura fuerte y rica, que es espada y escudo de la nación y que tenemos y debemos salvar, para salvarnos como nación y como pueblo.


Tampoco se debe mezclar una festividad, sea cual fuera su origen, con el odio racial. Halloween, aunque no nuestra, no es una tradición racista y es un acto de lesa cultura, empañarla con una felonía como la ocurrida.


No tenemos en Cuba varios pueblos, ni somos multiétnicos, somos etnológicamente un solo pueblo: el cubano, y antropológicamente, un etnos-nación. Somos genética y culturalmente mestizos, somos inclusivos y nuestra diversidad fenotípica nos hace diversos en la apariencia, pero somos únicos en nuestra esencia.


El racismo, aunque históricamente presente en los cuatro siglos coloniales y los 60 años de neocolonia, no es compatible con el proyecto de nación que iniciamos en 1868 ni con nuestra esencia mestiza. En los últimos 63 años de nuestra evolución histórica construimos una nueva sociedad, que pretende un hombre y una mujer nuevos y el socialismo es incongruente con el racismo y con cualquier forma de discriminación.


Son intolerables y repudiables, actos de discriminación y odio en una sociedad que construimos con amor, fraternidad y unidad.


Comisión Aponte

30 de octubre de 2022



viernes, octubre 28, 2022

El burro explosivo.


Poema que Rafael Alberti dedicó a Franco en 1938


Tú todavía, general botijo,

caudillo cantimplora sin pitorro,

liliputiense, hijo

de zorra cabezorra y cabezorro.


Di, Francisco, ¿hasta cuándo,

con tus bordados camisones nuevos,

de cara al sol y caraculeando,

nos tocarás la yema de los huevos?


Contempla, rebozado cochifrito,

la desgraciada Italia de Benito,

la Alemania de Adolfo destrozada.

Pero siendo tan chico de estatura

para contemplar nada,

sube a admirarlas, paticuesco enano,

desde la interminable sepultura

de tanta España muerta por tu mano.


¿Qué ves? Verde te veo,

no de aquel bello azul, azul de Prusia,

que la Falange (luego Falangeta

cuando se le encogió y heló el respiro

traseramente en Rusia)

viera desvanecerse en la puñeta.


¿Duermes tranquilo, Franco?

Cómo son al sentarte tus mañanas,

si atacado de espaldas y de flanco

por tus erectas guardas africanas

velas sin vela, ¡oh Canco, Canco, Canco!


Arriba ya, paneque! baila, andorga;

peonza que al final democratizas;

baila, culo hecho trizas,

baila, Generalismo pandorga,

sieso manido, sieso

patibulario, tieso y patitieso!


Muerto estás ya, Paquita la Católica,

Isabel del Ferrol y de Castilla.

Tu España carajólica

te despide: ¡Presente!,

mientras en los luceros, amarilla,

sube tu gloria de mojón caliente



Krahe y el despotismo democrático felipista

 

Krahe y el despotismo democrático felipista

La censura de ‘Cuervo ingenuo’ en TVE fue una prueba más del rodillo socialista de la época

Javier Krahe, en una imagen de archivo. / DS

LUIS SÁNCHEZ-MOLINÍ27 Octubre, 2022 - 00:01h

AHORA que, consumada y asentada la de Suárez, estamos en plena operación de mitificación de Felipe González con motivo de los 40 años de su primera y arrolladora mayoría absoluta, es el momento de recordar a Javier Krahe. Y dirán muchos: ¿qué tiene que ver aquel golferas de la canción y anarcoburgués, como lo definió Julio Llamazares, con tal acontecimiento histórico? Quizás poco, pero la censura de su canción Cuervo ingenuo por TVE fue una prueba más del rodillo que el felipismo triunfante aplicaba a las voces críticas, del despotismo democrático que imperó en la época. En aquella tonada, Krahe, que no era muy aficionado precisamente a darle la tabarra a nadie con temas políticos o morales, criticaba con elogiable chufla y dominio de la rima el giro de opinión de González respecto a la OTAN y otros asuntos, tras haber engañado al electorado de izquierdas más ingenuo. Recuerden y tarareen: “Hombre blanco hablar con lengua de serpiente”.

A Javier Krahe, como tantas cosas en la vida, me lo descubrió Falique Moreno, fotógrafo, agricultor y propietario en esa época de un tocadiscos en el que no paraba de sonar La Mandrágora. Allí aprendí a valorar a Krahe no como un contestatario del montón, sino como un continuador de la gran tradición humorística hispana que ha dado suculentos frutos: Marcial, Quevedo, Jardiel Poncela, Camba, Muñoz Seca, La codorniz, Tip y Coll, Berlanga, Juan Carlos Ortega... Un humor culto con ribetes surrealistas y costumbristas, a veces despiadado, que se basa en un uso magistral del lenguaje y que lleva por bandera su vocación gamberra y antisolemne.

Si hoy traigo a estas líneas el nombre de Javier Krahe es porque el otro día escuché el Documentos que RNE dedicó a su figura (¡bravísimo!). Documentos –ya se ha dicho alguna vez– era uno de los mejores programas de la radiodifusión española hasta que lo llenaron de sermones y hagiografías los de la mamela de la Memoria Democrática (el despotismo se ejerce hoy también en el pasado). Cada vez que alguien le diga que quiere hacer “pedagogía” con usted (como nos suelen decir desde el Ministerio de la Verdad del sanchismo), póngase en guardia, porque lo que de verdad pretende es meterlo en un campo mental de reeducación. Reencontrarme con Javier Krahe tras años sin escuchar sus canciones ha sido un placer, aunque su figura proyecte también la sombra agridulce de los años pasados irremediablemente. Y bien, me voy tarareando aquello de “Y lúgubre corrí/ al funeral de Marieta./ A la bella, la traidora/ le dio por resucitar./ Y yo con mi corona/ hice el gilipollas, madre”.

viernes, octubre 21, 2022

Introducción al realismo socialista

OPINIÓN POR: AQUILES LÁZARO


CEMEES.

Octubre 2022

Paradójicamente, cuando la nueva corriente habló por primera vez al público no lo hizo en ruso, sino en inglés. Appleton’s Magazine, revista literaria con sede en Nueva York, publicó en 1906 los primeros capítulos de una obra capital en la historia de la literatura: La madre de Máximo Gorki. La novela se publicaría en Rusia un año más tarde.



El discurso artístico en la convulsa Rusia de principios del siglo xx, calificaría después a La madre como la piedra fundacional del realismo socialista y al escritor Máximo Gorki, experimentado militante socialdemócrata, como su padre intelectual.  

El hecho de que la nueva corriente, que llegaría a abarcar a todas las manifestaciones artísticas, haya nacido en la literatura no es casual. Lenin, artífice intelectual y orquestador directo de la Revolución de Octubre, vertió sus escasos comentarios sobre cuestiones artísticas casi exclusivamente en la literatura. Sus reflexiones en torno a los problemas del arte se rastrean con dificultad en lo abundante de su obra teórica, y se refieren casi siempre a temas literarios.

Por otra parte, la admiración artística y el respeto que Lenin profesaba al camarada Gorki están perfectamente documentados. Incluso en medio de agrias polémicas sobre el perfil filosófico que debía regir a los militantes bolcheviques, el líder soviético elogiaba al autor de La madre como “el representante más grande del arte proletario”. Estas valoraciones positivas de Lenin hacia la obra de Gorki, así como su predilección personal por el realismo en el terreno de sus preferencias literarias, ocuparían más tarde un rol central en la sistematización teórica y en las prácticas artísticas del realismo socialista.

Un elemento fundacional todavía de mayor peso, también atribuible a Lenin y de carácter exclusivamente teórico, es la llamada teoría del reflejo. En su célebre polémica filosófica contra los relativistas agrupados en torno al empiriocriticismo, Lenin sistematiza los postulados centrales en la teoría del conocimiento del materialismo marxista: la realidad material existe objetivamente con independencia de la conciencia humana; la conciencia y sus formas —o sea nuestras ideas— “reflejan” esta existencia objetiva, pero tal reflejo es siempre imperfecto, puesto que su perfección sería la identidad absoluta del sujeto con el objeto. El proceso del conocimiento, entonces, es el proceso de los esfuerzos consecutivos por “perfeccionar” ese reflejo, por hacerlo lo más fiel posible a la realidad objetiva.

Y en aras de la claridad ante un problema tan abstracto, el Lenin filósofo toma incluso del terreno del arte su analogía: la realidad objetiva es nuestro “modelo” y nosotros, nuestra conciencia, pintamos de ella un cuadro, la copiamos lo más fielmente posible.

Por último, un antecedente de carácter histórico: el realismo literario precedente. Esta vieja y sólida corriente, que podríamos llamar realismo presocialista, comenzó a tomar forma como programa estético hacia mediados del siglo xix en Francia. En su forma más madura, este realismo tiene un alto contenido revolucionario: los escritores realistas se rebelan contra la artificialidad y la falsa representación de las academias clásicas y románticas, contra sus adornos fingidos; la representación, afirman, debe ser lo más fiel posible a una realidad constituida no por grandes hombres, sino por gente ordinaria y humilde, en cuyas vidas abundan las pasiones impulsivas, la fealdad, la vulgaridad. Nosotros, exclaman, reproducimos la realidad, la sociedad, en toda su verdadera riqueza, incluyendo sus imperfecciones.

No son pocos los puntos de contacto entre este programa estético y la teoría del reflejo leninista en el campo del conocimiento. De hecho, las grandes figuras del realismo ruso ocupaban un lugar privilegiado en las preferencias literarias de Lenin: Tolstoi, Chéjov y Turguénev.

Como práctica artística, el realismo socialista gozó de gran vigor durante varias décadas del siglo xx, y en torno a él surgieron acaloradas polémicas dentro del gremio artístico internacional. No son temas para un texto introductorio.

Por ahora, con los antecedentes enunciados, quizás podremos entender desde una perspectiva mejor informada la sucinta definición que brinda el Diccionario de Filosofía de Rosental —referente teórico de la toda concepción filosófica soviética— respecto al realismo socialista: “Método artístico cuya esencia estriba en el reflejo fiel, históricamente concreto, de la realidad tomada en su desarrollo revolucionario”. 


Aquiles Lázaro es promotor cultural e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

sábado, octubre 01, 2022

Poema: “Marcha triunfal del Ejército Rebelde”, del Indio Naborí (+ Video)

 


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Fidel Castro saluda a Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, en el VI Congreso de la UNEAC, enero de 1988. Foto: Juvenal Balán/Sitio Fidel Soldado de las Ideas

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Jesús Orta Ruiz. Por esta razón, el sitio web Fidel Soldado de las Ideas recuerda el vínculo entre el líder de la Revolución cubana y el gran poeta cubano, conocido como el Indio Naborí. Compartimos con los lectores el poema Marcha triunfal del Ejército Rebelde.

Si desea leer otros poemas del Indio Naborí puede encontrarlos en el sitio web Fidel Soldado de las Ideas.

¡Primero de Enero!
Luminosamente surge la mañana.
¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero
de la redimida bandera cubana.

El aire se llena de alegres clamores,
se cruzan las almas saludos y besos,
y en todas las tumbas de nobles caídos revientan las flores
y cantan los huesos.

Pasa un jubiloso ciclón de banderas
y de brazaletes de azabache y grana,
mueve el entusiasmo balcones y aceras,
grita desde el marco de cada ventana.

A la luz del día se abren las prisiones
y se abren los brazos: se abre la alegría
como roja rosa en los corazones
de madres enfermas de melancolía.

Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes,
con trajes de olivo vienen de las lomas,
y por su dulzura, los héroes triunfantes
parecen armadas y bravas palomas.

Vienen vencedores del hambre y el frío
por el ojo alerta del campesinado
y el amparo abierto de cada bohío...
Vienen con un triunfo de fusil y arado.

Vienen con sonrisa de hermano y amigo,
vienen con pureza de vida rural,
vienen con las armas que al ciego enemigo
quitó el Ideal.

Vienen con el ansia del pueblo encendido,
vienen con el aire y el amanecer,
y, sencillamente, como el que ha cumplido
un simple deber.

No importan los días de guerra y desvelo,
no importa la cama
de piedra o de grama,
sin otra techumbre que ramas y cielo.

No importa el insecto, no importa la espina,
la sed consolada con parra del monte,
la lluvia, los vientos, la mano asesina
siempre amenazando en el horizonte.

¡Sólo importa Cuba, sólo importa el sueño
de cambiar la suerte!
¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño,
ni viene asombrado de tutear la muerte!

Los niños lo miran pasar aguerrido
y piensan, crecidos por la admiración,
que ven un rey mago rejuvenecido
y con cinco días de anticipación.

Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos,
alumbran su rostro cien fuegos de gloria.
Pasan capitanes, curtidos labriegos
que vienen de arar en la Historia…

Con los invasores pasa el Che Guevara,
alma de Sarmiento que trepó el Turquino,
San Martín quemante sobre Santa Clara,
Maceo del Plata, Gómez argentino...

Pasan lindas reinas sin otras coronas
que su sacrificio: cubanas marciales,
gardenias que un día se hicieron leonas
al beso de doña Mariana Grajales...

Ya entre los mambises del bravío Oriente,
sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,
ya vemos la cálida frente;
el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro...

Lo sigue radiante su hermano Raúl,
y aplauden al paso del héroe ciudades quemadas,
ciudades heridas que serán curadas
y tendrán un cielo sereno y azul.

Fidel fidelísimo, retoño martiano,
asombro de América, titán de la hazaña
que desde las cumbres quemó las espinas del llano
y ahora riega orquídeas, ¡flores de montaña!

Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama... ¡Fidel!
Y esta que la ortiga se hiciera clavel,
se llama…¡Fidel!
Y esto que la patria no sea un cuartel,
se llama…¡Fidel!

Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,
esto que la sombra se volviera luz,
esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre:
FIDEL CASTRO RUZ.

En video, Marcha triunfal del Ejército Rebelde en la voz de Corina Mestre




Fermín Muguruza: "Hay que combatir a gente como Nacho Cano, antes y ahora"


Fermín Muguruza presenta 'Black is Beltza II: Ainhoa'

"Como me decía el otro día Antonio de la Torre, ya no se puede remar más a contracorriente que con esta película", bromea Fermín Muguruza (Irún, 1963) en conversación con infoLibre con motivo del estreno este viernes en cines de Black is Beltza II: Ainhoa. "Una película de animación para adultos en euskera. Con mi firma, eso también, que muchas veces a alguna gente le da el canguelo y puede ser un handicap, aunque también pasa lo contrario, porque saben que va a haber un montón de seguidores que van a estar apoyando y defendiéndola, como hace cuatro años".Se refiere el músico y cineasta a la primera entrega de Black is Beltza, proyectada en medio centenar de festivales internacionales desde su estreno en 2018 y la "única película española de animación para adultos que ha querido Netflix". A pesar de eso, denuncia Muguruza que la segunda parte se ha hecho en coproducción con el INCAA de Argentina, porque ni el ICAA ni RTVE en España han querido apoyarla: "Es muy significativo. Es una declaración de principios que nos dice 'no queremos que hagáis este tipo de cines.

Después de su pre-estreno en el Velódromo de Anoeta ante 3.000 espectadores dentro del Festival de San Sebastián, Black is Beltza II: Ainhoa, desembarca este 30 de septiembre en salas de toda España. "No todas los que quisiéramos, pero tenemos una buena representación y vamos a defender cada cine como si fuera una barricada", remarca Muguruza, recordando, de paso, que la película es el "acorazado Potemkin" de un proyecto transmedia más amplio que incluye también una banda sonora y un cómic (disponible el 6 de octubre con Reservoir Books en España y Latinoamérica).

La protagonista de la historia es en esta ocasión es, claro, Ainhoa, que nace de milagro en La Paz (Bolivia) tras la muerte de su madre en un supuesto atentado parapolicial. Crece en Cuba y en 1988, a los 21 años, comienza un viaje iniciático con el País Vasco como primer destino para conocer la tierra de su padre, Manex, protagonista de la primera entrega. Conoce a Josune, una periodista comprometida y su cuadrilla de amigas y amigos.


Cuando el novio de Josune muere por sobredosis de heroína, esta decide acompañar a Ainhoa en su viaje, que continúa por el Líbano, Afganistán y Marsella. Son los últimos años de la Guerra Fría y ambas se adentrarán en el oscuro mundo de las redes de narcotráfico y sus estrechos vínculos con las tramas políticas en un mundo en el que aparentemente los grandes conflictos están en vías de solución (la guerra Irak-Irán, Afganistán, la guerra civil del Líbano, el proceso de paz inminente en Argel entre ETA y el Gobierno Español), pero donde hay más capas de disputa de lo que parece.

"Como su padre en la primera parte, Ainhoa tiene otra vez esa idea del viaje, de no ser solamente una testigo pasiva de los acontecimientos, sino que se incluso se involucra y toma parte", explica el cineasta sobre una trama que arranca a finales de los conflictivos años ochenta en Euskadi, retratados con toda su crudeza de represión policial en las calles, la introducción de la heroína y el miedo al sida. Con Kortatu como banda sonora que cantaba con la voz del propio Fermín lo que estaba ocurriendo desde su perspectiva.

"Para mí, es muy importante que se subraye el hecho de mi historia personal, porque yo vengo precisamente de hacer y contar una historia que no es la oficial", explica, para luego añadir: "Los que nacimos en el franquismo no tuvimos adolescencia, pasamos de ser niños a ser jóvenes. Yo tenía doce años cuando Franco ordena los últimos fusilamientos de Txiqui y Otaegi. Con doce años ya sabíamos lo que es la represión. Conocíamos lo que es la policía franquista, la policía nazi, de un color. Cuando empezamos a ser jóvenes y a vivir en la calle, a esos policías les cambian de uniforme y pasa a ser la policía de la Transición, que eran exactamente los mismos, con la misma cadena de mando. Y peor. Los mismos los tenemos en la judicatura y la política".

Y prosigue: "Como yo todo eso lo he vivido desde niño, puedo contar mi relato. Sé que mucha gente va a poner el grito en el cielo, pero yo tenía que contarlo así. Hay un montón de puntos de vista del relato. Por ejemplo, la lucha armada era uno de los grandes temas de discusión que teníamos. Hubo un momento que se hablaba de acción directa no violenta. En la misma cuadrilla discutíamos y se invertían los papeles de un día para otro porque no lo teníamos muy claro tampoco. Ha sido muy liberador contar todo esto".

Aunque ahora esté más centrado en el cine, Fermín Muguruza es una figura clave de los últimos cuarenta años historia musical en nuestro país, primero con Kortatu (1984-1988), después con Negu Gorriak (1990-2001) y finalmente en solitario hasta hoy. Cabeza de turco del mal llamado rock radical vasco, una etiqueta que no gusta a los propios músicos a los que pretende definir, si bien él concede, desde la perspectiva del presente, que "hubo un movimiento que no tenía solamente que ver con la música", sino también con la realidad que estaban viviendo, "la creación de espacios autogestionados para que los jóvenes o la elaboración de fanzines".

Todo un movimiento independiente que consiguió gran influencia también más allá del País Vasco y que ahora a Muguruza le parece "interesante" a pesar de que antes lo "denostaba y estaba en contra". "Pero hubo otra manera de contar las cosas", remarca, para luego denunciar que el rock radical vasco fue un "movimiento muy reprimido en frente de toda esa Movida madrileña" que quedó como el relato oficial de los mitificados años ochenta y con la que se fue "muy complaciente". CT

"Nosotros tuvimos mucho contacto con gente de Madrid como Comando 9mm, Ana Curra y otros que se sintieron utilizados por la mercadotecnia. Por supuesto, no tuvimos ningún tipo de relación con Nacho Cano o gente así, que siempre nos pareció gente a la que había que combatir antes y a la que hay que seguir combatiendo ahora. Nacho Cano es una persona que está precisamente aquí en Madrid con Ayuso y todo esto, con todo lo que está diciendo... pues esa gente era la cara visible, la vanguardia de toda esa Movida".

La música, siempre presente como arma de guerrilla. El rock de combate que preconizaban The Clash. La música, otro gran protagonista de Black is Beltza II: Ainhoa, no solo por la banda sonora, sino por cómo va llevando de un sitio a otro a los personajes, otorgándoles un necesario contexto sonoro, "incluso traduciendo en muchos casos parte de la letra de las canciones que tienen que ver" con la que cuenta la historia. Algo que lleva a Fermín, director y guionista de la cinta junto a Isa Campo y Harkaitz Cano, a "reivindicar el papel de los músicos, de la cultura en general como el arma más valiosa que tenemos para luchar contra el fascismo".

"Mi hermano Iñigo, que falleció hace tres años, es una pieza clave de la película, recordando a Salvador Allende cuando dice que no hay revolución sin canciones, algo que también se dice al mencionar Te recuerdo Amanda de Víctor Jara", remarca. "Yo quiero denunciar que los fascistas quieren callar la voz de los músicos", recalca. Y remata: "A mí me han intentado censurar miles de veces, tuve un proceso judicial de ocho años –del que Negu Gorriak fueron finalmente absueltos tras ser denunciados por una canción por el teniente coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo–. Nos intentaron acallar y por eso se empujó hasta el delirio una movida como la que nos pasó. Nosotros estábamos completamente denostados por estar cantando la parte no oficial de la Transición"

Otro punto a destacar de esta película es el reparto de voces de doblaje, que incluye a protagonistas como Maria Cruickshank, Itziar Ituño o Manex Fuchs, y que cuenta con actores y actrices tan populares como el antes mencionado Antonio de la Torre, Ariadna Gil o Gorka Otxoa. Un elenco importante que continúa la labor iniciada por el que participó en la primera parte, con nombres como Willy Toledo, Rossy de Palma, Emma Suárez, Óscar Jaenada o Jorge Perugorría.

"Antonio de la Torre me dijo hace tiempo que le llamara para la próxima película que hiciera y por supuesto que lo hice. Le dije que esta película iba dura y me respondió en plan pero que me estás contando, a mi no me provoques. Y se vino a grabar", rememora entre risas, para luego comentar sobre su relación desde hace muchos años con Ariadna Gil: "A ella la conozco porque sus hermanos son Brighton 64, un grupo mod de Cataluña que me encanta. La primera película le encantó y se apuntó sin dudar a la segunda para poner a los policías franceses a raya".

Siempre atento a lo que acontece en el planeta, termina Fermín confesando su "ilusión" por la victoria de la izquierda por primera vez en Colombia gracias a Gustavo Petro, en una América Latina que contrasta con la tendencia europea hacia la ultraderecha: "Qué desastre el devenir de la Historia en el mundo en general, pero estoy muy ilusionado con el vuelco que ha tenido un país como Colombia, que parecía que nunca lo podría tener".

Y termina: "Eso sí, ahora estoy aquí en Madrid y el tema de conversación es qué está pasando en Italia. Mi representante [es de origen argentino] me ha dado permiso para contar algo que me ha dicho hace unos minutos. Me ha dicho, '¿y qué te parece lo que pueda pasarme a mí, que soy inmigrante lesbiana? Lo llevo crudo si sigue subiendo la ultraderecha'. Pues lo que me parece es que aquí nadie va a tocar a nadie porque vamos a seguir en la lucha. Aquí estamos nosotros, los vascos, las lesbianas, los nadie".

miércoles, septiembre 21, 2022

Labordeta: nadie ha entendido nada


Un documental recorre la vida de José Antonio Labordeta desde el prisma personal: un hombre que sufrió mucho por el mundo que tenía alrededor.

Labordeta, un hombre sin más', se estrena en cines.

Olivia Carballar

20 septiembre 2022 Una lectura de 4 minutos

El documental comienza con una capilla ardiente. Colas de personas para dar un último adiós. El visionado coincide con el funeral de la reina de Inglaterra, que lleva más de una semana por todas las televisiones, por todos las redes, por todos los medios de comunicación. A quien despiden en esta otra pantalla, sin embargo, no es un rey, ni lo velan en un palacio, ni murió estos días. Es Labordeta, un hombre sin más, como se titula la cinta que se estrena este viernes en cines, doce años después de su muerte por un cáncer. 

“Es la letra de papá”, dicen sus hijas en un momento del documental a su madre, Juana de Grandes, con ese pellizco de incredulidad y a la vez mágico que se te coge por dentro al pensar que quien hizo esos garabatos fue él, una persona que estaba viva y que ya no está, que fue tu padre o tu marido o tu amigo.

Juana muestra a sus hijas el diario de su padre en una escena del documental.

Labordeta, el cantautor, el poeta, el profesor, el político, el hombre que puso el alma a Un país en la mochila, el que mandó a la mierda a los diputados del PP en el Congreso, y el que no ha visto toda la podredumbre que se está cociendo ahora, es alguien a quien, con mucha más razón, doce años después de su muerte, se le sigue echando de menos

Cuando una ve el documental –codirigido por Paula Labordeta y Gaizka Urresti– concluye, además, que es alguien, un hombre –no un rey, no un político, no un gurú– que debería estar siempre, también en esta época, en la que podemos tararear su Canto a la libertad a veces con alegría, a veces con tristeza, a veces con esperanza –como cuenta Juana que hacía él– ante la situación de desigualdad, polarización y pobreza que estamos viviendo ahora –como hacía él cuando murió Franco–. “Habrá un día en que todos / al levantar la vista / veremos una tierra que ponga libertad”. Es prácticamente imposible no emocionarse en este pasaje. 

Él mismo se lo dice a su amigo Eloy Fernández, con quien se embarca en el camino para reivindicar que Aragón existe, que los aragoneses existen, que están ahí: no hemos hecho bien las cosas, tenemos que seguir trabajando. Y eso es lo que, a través del testimonio de su mujer y de sus tres hijas, Paula, Ana y Ángela, muestra también la cinta: un hombre que sufrió mucho por el mundo que tenía alrededor, al que le afectaba todo, las injusticias, las desigualdades, que se sintió completamente solo y pasó por muchos momentos de desasosiego, en constante desazón. “Desearía volver a hablar de mi mujer y de mi hija. Gracias a las dos vivo y supero esas crisis producidas por mi melancolía, ambas me hacen olvidar todo”, dejó escrito en el diario el 9 de octubre de 1966.

En ese recorrido hacia atrás, descubres a un hombre que no sabía bien qué hacer con su vida, que no quería estudiar oposiciones, que quería escribir siempre… Piensas, tal vez, en cualquier hombre de hoy en día, en cualquier mujer, en cualquier joven. Descubres a un hombre que cantó porque sabía que la canción llegaba, que era útil, pero que lo que quería de verdad era hacer poesía. “Asesinaos si así lo deseáis… Asesinaos, pero vosotros”, le leyó a Aznar en el Congreso, los versos de su hermano Miguel, cuando no había manera de que todo un presidente del Gobierno entendiera que las guerras son guerras, que no hay vencedores ni vencidos, que lo que hay son pérdidas por doquier. 

Estamos hablando de un hombre al que también escupieron por la calle en los años de la mayoría absoluta de la derecha, al que le dibujaron una cruz gamada en el ascensor. Un hombre intimista, melancólico, que se fue una temporada solo con un dinero que le tocó en la lotería para leerse el Ulises de Joyce y decidir si seguía adelante con su noviazgo. Así, con la alegría de sentirse de nuevo, por unos instantes, en aquel momento ya pasado, se lo cuenta Juana a sus dos nietas en el documental, la mujer que estuvo siempre a su lado y que, de alguna manera, sentía que se lo habían robado, que tenía que reconstruir su vida para poder estar en paz. “Cuando lo dejó todo, fue para morir”.


Juana con sus nietas.

La última página de su diario, escrita el 3 de julio de 1978, fue un aviso entonces, pero también lo es hoy para ese individualismo que campa cada vez más a sus anchas: es lamentable comprobar, cómo después de tanto trabajo, nadie ha entendido nada. Una nueva lección de un hombre, que, como dice su familia, siempre dio lecciones sin querer darlas.

Paula Labordeta y Gaizka Urresti han codirigido el documental.






Fragmento del libro:“Víctor Jara : Un canto truncado” Testimonio de su esposa, Joan Jara._😔✊🏽🇨🇱

"Lo siento, tenía que encontrarla…Lamento decirle que Víctor ha muerto… Encontraron su cuerpo en la morgue.  (…) Le ruego que sea valie...