sábado, enero 31, 2026

Carta de una madre cubana a una madre norteamericana


Madre de ojos azules,

madre de Norteamérica:

mis hijos son pacíficos,

trabajan, cantan, sueñan,

aman bajo la verde

sombra de sus palmeras.


Robert, tu joven rubio,

¡qué feliz se sintiera

jugando al béisbol con mi alegre Juan

de cabellera negra!


Sin embargo, los turbios mercaderes

que a tu pueblo gobiernan

quieren que Robert asesine a Juan

bajo su propio cielo, sobre su propia tierra.


Mi Juan es noble,

pero cuando le ofenden su bandera

salta como un león,

y sus palomas luchan como fieras.


De madre a madre te lo digo:

dile a tu hijo que no venga.


Los piratas que tocan esta Isla

se quedan en sus costas,

y vivos no se quedan.

Tú llorarías sin orgullo

lágrimas de vergüenza.


Por el contrario yo,

si Juan muriera,

como la madre de un patriota

tendría una orgullosa pena.


Pero es mejor, querida mother Mary,

que Juan y Robert vivan cada uno en su tierra,

y que solo en estudios, en deportes y en arte

entablen amorosas competencias.


Te prometo que Juan jamás será agresor.

Lo enseñé a respetar soberanas enseñas.


Pero si Robert viene y le dispara,

Juan tiene, mother Mary, derecho a su defensa.


Madre de ojos azules,

madre de Norteamérica,

por la vida de Robert de cabellera de oro

y la vida de Juan de cabellera negra,

cantemos a la paz

dulce canción fraterna.


Y no dejes que turbios mercaderes,

que piensan en el oro

y en tus hijos no piensan,

manden a Robert, a tu joven rubio,

a matar y a morir en mis palmeras.


De madre a madre te lo advierto:

DILE A TU HIJO QUE NO VENGA.


✍️ Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí)

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